27 junio 2006

RECONQUISTA 2.0


Me sentí como alguna vez se sintieron aquellos que fueron parte de la conquista de Chile, de alguna u otra manera las empresas españolas se han adueñado de nuestros nombres y apellidos. Por ejemplo “Movistar”, no hay nadie que con solo mencionar aquella "M" (que con cierta gracia han deformado) ponga cara de asco. Cuando uno quiere hacer un trámite en aquella empresa, primero que nada debe saber que sólo se necesitan cinco horas de un día y quizás tres de otro. Pero en realidad mi extrañeza más grande es que me siento como los indígenas cuando vieron la cruz. A diferencia de ellos yo vi un número en el mostrador (el cual tuve que pelear con algún individuo, que sabiendo a lo que iba, tuvo una actitud prepotente que casi le pega a la señorita que se para detrás del mostrador y nos dice a los dos que nos calmemos, claro esa es la herramienta más necesaria en este lugar, la calma).

Luego de estar sentada una hora o más, creo que más porque me alcancé a fumar por lo menos dos cigarros, logré pasar al matadero. La primera pregunta es porque estoy ahí - Porque mi celular no funciona- contesto. Ahora el móvil, como le dicen algunos, herramienta que cada día se ha convertido en algo más indispensable, tienen que llevarlo para verlo y hay posibilidades que me quede sin aquel artefacto durante un mes. Increíble situación, miro con cara de cordero degollado, y ruego que por favor lo revisen antes, invento algún viaje de intercambio con vuelta indefinida y que mi familia es lo más importante en este mundo y que no puedo vivir sin hablar con ellos que sea una vez al día. Triste súplica. Es verdad, las mujeres tenemos capacidad para la manipulación y la sabemos usar. En fin después de aquel ruego me dicen que el artefacto estará listo mañana. Si Caupolican hubiera inventado algo como lo que yo dije, quizás, uno nunca sabe, no lo hubieran sentado arriba de una pica

Al día siguiente fue como la batalla de Arauco. Nuevamente estaba en el pomposo edificio ubicado en el golf, por cierto uno de los barrios más caros de Santiago y con menos estacionamientos. Llegué a la hora que me dijieron, y me senté. Esta vez lleve un libro, comida y algo para tomar. Fueron como mis armas de guerra. La batalla duró tres horas, entre que esperé, me atendieran y me devolvieron mi preciado, y supuestamente indispensable artefacto.

Lo único que me quedó para decir de esto es que si nos dejamos reconquistar again, por favor háganlo con estilo y no nos traten como indígenas en el siglo XXI.

2 Comments:

At 8:18 a. m., Anonymous Anónimo said...

I like it! Good job. Go on.
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At 3:32 p. m., Anonymous Anónimo said...

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